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Reflexiones desde el aeropuerto de Berlín: sobre polímatas, propiedad y ejecución

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Estoy sentado en la sala VIP del aeropuerto de Berlín, repasando las últimas 24 horas. Una conversación por Zoom acabó conmigo reservando un vuelo una hora después y reuniéndome en persona con un equipo de ingenieros. Y no solo ingenieros, sino gente espabilada, polifacética y completa. Es inspirador. Hacía tiempo que no estaba en un sitio con tanta motivación, tanto cuidado, tanta intuición y tanta curiosidad. Fue una pasada.

No puedo contar mucho del día, pero trabajé en problemas en los que nunca había pensado demasiado y pensé en diseños de sistemas que nunca me había planteado.

Da cierto ánimo comprobar que mi cerebro sigue funcionando más o menos tras meses metido hasta el cuello en una startup de IA.

Sé un polímata

Las mejores startups en fase inicial que he visto las construyen polímatas: gente que sabe ir a lo ancho y a lo hondo. No son solo “ingenieros full-stack” ni “product managers” ni “diseñadores”. Esos títulos se quedan cortos. Son de los que escriben una API por la mañana, hacen una entrevista con usuarios a la hora de comer y depuran un problema de cadena de suministro por la tarde. Se adaptan porque no les queda otra, pero prosperan porque quieren.

La ejecución importa. Que te importe la ejecución importa todavía más. En estos equipos, la propiedad no es solo capital en un papel: se nota en cómo hablan de los clientes, en cómo defienden una decisión de diseño y en cómo desmontan su propio trabajo para mejorarlo. Eso es lo que vi. Esa es la clase de propiedad que marca el futuro de una empresa y da el tono a todos los que llegan después.

Es muy difícil entrar en estos entornos, no porque pongan barreras, sino porque su cohesión los hace frágiles. La contratación equivocada puede romper el ritmo. La acertada puede elevar a todos. Por eso, cuando estás dentro, es tan embriagador. Es un sitio donde todos van a muerte.

Qué hace excepcionales a los equipos

Esto es lo que vi en ellos:

  • Pensamiento polifacético: abordan los problemas desde el ángulo técnico, el operativo y el humano sin que nadie se lo pida.
  • Mentalidad de propietarios: si algo está roto, lo arreglan. Si algo no está claro, lo definen. Si el momento no es el adecuado, lo aparcan sin drama
  • Foco en la ejecución: sin darle vueltas por darle vueltas, y sin atajos chapuceros tampoco. Se responsabilizan de su trabajo, sienten la presión de entregar y se nota que les encanta el reto
  • Cohesión: un tempo compartido que les hace funcionar como una sola unidad. Amplifica sus puntos fuertes y mella sus debilidades

Pocas veces me ha impresionado tanto un equipo en tan poco tiempo.

El reto de construir cultura

Ya he escrito antes sobre el riesgo de las malas contrataciones. Pero quiero ir más allá. Porque en aquel caso el riesgo era dejar que la mediocridad hiciera metástasis en un equipo de alto rendimiento.

Esta clase de cultura no se “instala”. No puedes hacer un taller y esperar que aparezca. Sale del ADN de los fundadores, de las primeras contrataciones y de las cicatrices compartidas por resolver juntos problemas imposibles. Cada persona nueva tiene que sumar energía, no drenarla. Cada proceso tiene que proteger ese impulso sin anquilosarlo.

Este equipo lo formaban fundadores, hackers y gente que resuelve problemas y a la que ya le han dado golpes antes. Saben lo que cuesta construir algo grande y no tienen miedo de mancharse las manos.

Y aquí está el problema: cuanto mejor es la cultura, más difícil es mantenerla al crecer. La cohesión puede resquebrajarse. La ejecución puede frenarse. La propiedad puede desvanecerse si se acomodan las personas equivocadas. Por eso tan pocas empresas conservan su magia más allá de las primeras 20 contrataciones. (Es mi opinión personal, eso y el inevitable pelotazo en la serie E.)

Sea cual sea el resultado de mis conversaciones con ellos, creo que son un grupo de gente muy inspirador. Y estoy deseando ver qué hacen después.


Escrito desde la Terminal 1 del aeropuerto de Berlín Brandenburgo, tras 24 horas que me recordaron por qué me encanta construir cosas con gente excepcional.