Una queja más o menos coherente sobre un menú
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Microsoft ha vuelto a mover algo.
Esta mañana fui a añadir una regla de correo, algo que he hecho mil veces, y Exchange me recibió con un banner alegre. Conoce el nuevo menú. Luego pasé el ratón por una sección que no reconocía, llamada Roles, y me dieron la explicación: La función Permisos del centro de administración clásico de Exchange se llama ahora Roles. Han renombrado Permisos a Roles.
¿Por qué? Nadie se despertó hoy sin ser capaz de encontrar Permisos. Nadie abrió una incidencia diciendo que la palabra “permisos” le ofende.
Exchange hace básicamente el mismo trabajo desde que el sol chisporroteó por primera vez hace 4,6 mil millones de años. No hay una nueva frontera en “añadir una regla a un buzón”. Entonces, ¿por qué renombrar lo que ya funcionaba?
Ah. Claro. Para hacerle sitio a Copilot, que el nuevo menú te sirve con la mirada orgullosa y perdida de un gato que te deja un pájaro muerto a los pies.
No puedo ser el único. Tiene que haber por ahí un ejército silencioso que abrió el portátil esta mañana, vio que un ajuste había cambiado de sitio, que había aparecido una interfaz nueva y horrorosa, que lo que habían desactivado estaba otra vez ahí… y se limitó a suspirar y a plantearse meter un tenedor en un enchufe.
¿De verdad vive así la gente? ¿Inician sesión, notan que su software se ha reconfigurado por la noche como si una zarigüeya hubiera entrado en los ajustes, y piensan:
bueno, es el alquiler que pagas por estar vivo en 2026
Yo no.
Compré el producto. NO me apunté a que me lo redecoren a escondidas, semana tras semana, durante el resto de mi existencia rabiosa.
Sí, vale, esto es una queja. Los que me quieren dicen que lo hago demasiado a menudo, pero hay una idea por aquí a la que intento llegar.
La pila humeante de cosas buenas
Mi primer ordenador fue un Compaq de sobremesa, de plástico beige, que compartía toda la casa y que resollaba con Windows 98 y conexión por línea telefónica. Era una birria.
Lento, feo, nunca a más de un clic de una pantalla azul. Pero aquí viene lo que nadie quiere admitir. Funcionaba. Los menús eran sencillísimos, los ajustes estaban a tres clics y en cristiano, y encontrabas cualquier cosa en segundos.
Así aprendí a usar ordenadores. Sentado delante de un monitor de tubo con un sistema operativo indulgente que me dejaba explorar, pero también me dejaba hacer los deberes.
Con el tiempo nos deshicimos de aquel Compaq y pasamos a un iMac G4, el que parecía la lámpara sintiente de Pixar.
Y a ese también podía simplemente usarlo. Ni una sola vez me hizo sentir tonto. Se apartaba de mi camino y me dejaba hacer los deberes.
Quédate con eso, porque es todo el argumento: se apartaba de mi camino.
Y el Mac en el que escribo esto, veinte años después, es reconociblemente la misma máquina. La barra de menús sigue arriba del todo. El Dock sigue rebotando. El menú de Apple está exactamente donde siempre estuvo. Apple lo fue cambiando poco a poco, año tras año, hasta que mejoró sin dejar de ser familiar ni una sola vez. Puedes sentar delante de él al yo de catorce años y se sentiría como en casa en segundos.
Dejé Windows para siempre más o menos hacia 2010, y aquí viene lo verdaderamente condenatorio.
Aquella caja fea con Windows 98, la manejaba con los ojos vendados.
¿Windows 11 hoy? Irreconocible. No lo refinaron, siguieron derribándolo y levantando algo nuevo en su lugar, y ahora no encontraría la mitad de esos mismos ajustes ni con una pistola en la sien.
Ponme delante una bomba para desactivar, dime que el interruptor está enterrado en algún sitio de Windows 11 y puedes estar seguro de que la explosión me saca las piernas disparadas por el culo.
Fastidiar, ceder, repetir
Así es como pienso en el software: la gente, en su mayoría, no quiere usarlo.
Hazlos entrar, déjalos hacer lo único que venían a hacer, hazlos salir.
Nadie abre su correo por el placer de hacerlo. Todo lo que hay entre una persona y lo que venía a hacer es fricción que no he sabido quitar.
Apple se dio cuenta de esto en el escritorio hace décadas. Enchufas algo y ya está ahí. Se actualiza mientras duermes y por la mañana todo está exactamente donde lo dejaste.
Toda la postura de Apple es:
toma, te lo hemos dejado más bonito.
La de Microsoft es:
mira lo mucho mejores que somos que Apple.
Uno mira a la persona que tiene el dispositivo en la mano. El otro mira al competidor al otro lado de la sala… y no ha cruzado la mirada con un cliente desde más o menos 2003.
Da un paso atrás y mira a Microsoft durante los últimos quince años y verás una sola conducta en bucle infinito.
Lanzan algo que nadie pidió.
La gente protesta.
Microsoft se atrinchera y lo defiende.
Las quejas se vuelven ensordecedoras, o aparece la UE.
Ceden a regañadientes.
Hay quince días de paz.
Y vuelta a empezar.
El menú Inicio es toda la empresa en miniatura. En 2012 lo arrancaron entero, porque algún lumbreras en una reunión de producto decidió que tu escritorio debía sentirse como un móvil.
Revuelta abierta. Lo volvieron a poner. Victoria, durante unas dos semanas, hasta que se dieron cuenta de que el menú quedaría de maravilla como valla publicitaria y lo llenaron de anuncios de Candy Crush.1
Recall dio la misma vuelta, más deprisa: una función que hace capturas de pantalla de todo lo que haces sin avisar, una hoguera instantánea de privacidad, una solemne y gloriosa “pausa”, y lo lanzaron igualmente.
¿Y podrían, aunque sea una vez, dejar de estropear las cosas?
¿Te acuerdas de Cortana? Soldaron un asistente de voz a Windows, te retaron a hablar con tu ordenador como un psicópata que le grita a un hervidor, y en cuanto fracasó la sacaron por la puerta de atrás y le pegaron un tiro delante de su sustituto.2
Aquí llega Copilot: el mismo robot con traje nuevo, este con GPT por dentro, de pie asintiendo como si tomara notas.
Hasta Halo, el videojuego que “inventó” a Cortana, la escribió fuera de la historia y la sustituyó por una copia barata, diseñada a propósito para matarla.3 Cuando la saga que dio nombre a tu IA decide que el personaje no merece quedarse, no es casualidad. Es una reseña.
El reparto de secundarios canta la misma nota.
Apagar el Copilot que me habían metido a presión en el correo fue una pelea en toda regla. Igual con Microsoft Teams, que seguiré llamando “SharePoint morado”, que es exactamente lo que parecía cuando se coló por primera vez en mi Mac hace años: un monstruo de pantano al que no sabía cómo matar.
Y Bing, ahí sentado con más o menos un 5 % de todas las búsquedas,4 todo por accidente.
Nadie se despierta y elige Bing.
Lo meten a palos en un callejón oscuro, con un valor por defecto que los agarró del cuello y los atracó por unas monedas.
La gente tiene más opciones ahora
Ya lo sé, ya lo sé: sensaciones, impresiones, un tío dando voces por su correo. Parezco un loco.
Pero llevamos décadas en esto y siguen sin enterarse.
IBM dejó que su plantilla eligiera su propio equipo y eligieron Mac de forma abrumadora, y los que lo hicieron casi nunca llamaron al servicio de asistencia.5
Hasta la competencia lo sabe. Una vez visité las oficinas de Google. La empresa que está detrás de Android y de ese espantoso Chromebook, y casi todas las mesas tenían una reluciente manzana de Apple encima.
Y convertiste a la inconvertible: mi padre. Contable de profesión, hombre de Windows de toda la vida, el cliente exacto al que Microsoft ha tenido agarrado por los huevos durante treinta años.
Y hasta él acabó harto del todo, se rindió y se compró un Mac. Se cansó de tener que reaprender el sistema operativo.
Cuando empiezas a perder a los contables, no tienes un problema de clientes. El problema eres tú.
No es solo Microsoft
Aquí viene la parte incómoda, porque sería demasiado fácil convertir esto en una lluvia de palos a Microsoft: la enfermedad no es Microsoft. La enfermedad es mirar a tu rival en lugar de a tu usuario. Microsoft es, sencillamente, el caso más avanzado del psiquiátrico de los product managers.
Apple se está metiendo de cabeza en la misma trampa.
Genmoji: emojis generados por IA, para la muchedumbre vociferante que miró los varios miles de emojis que ya tenemos y pensó: “no, lo que necesito es un dibujo a medida, ligeramente maldito, de un gato con esmoquin.” Herramientas de escritura, que lijan hasta la última traza de personalidad de un correo y te devuelven una pasta gris y lisa de gachas corporativas. Y la puta Siri, que ahora te endosa la petición a ChatGPT, o escupe el famoso “He encontrado esto en la web.” ¿Qué narices estamos haciendo?
Pregunté en serio cuánto tiempo cocinar 350 g de pollo y envejecí físicamente mientras la pequeña esfera palpitaba. No me extraña que la mayoría de los dueños digan que todo el paquete de IA aporta poco o nada.6
Nada de esto hace que un Mac sea más agradable de usar. Es Apple lanzando cosas que nadie pidió para tener algo que agitar en la carrera de la IA. Los ojos en el rival, no en el usuario. La misma enfermedad, en un hospital más pijo.
Google tiene el problema contrario, que es casi más trágico, porque las piezas están ahí mismo.
Son dueños de Android y de ChromeOS, y durante años los han tenido en habitaciones separadas, sin hablarse.
Y esto lo hace la empresa que reinicia su app de mensajería cada dieciocho meses y cuida un cementerio de clientes de chat muertos, corriendo siempre detrás de lo último que lanzó el otro.
Así que este es el grito de guerra para los tres: dejad de miraros entre vosotros y empezad a miraros a vosotros mismos.
Apunta la cámara al rival al otro lado de la sala, y la única persona que de verdad importa, el usuario, acaba para siempre a tu espalda y fuera de plano.
Qué es el buen software
Todo producto tiene una cosa que hace de verdad bien.
Encuéntrala. Protégela. No la entierres bajo una pila de funciones añadidas que nadie pidió, ni bajo errores de hace años dejados a pudrirse mientras el equipo anda ocupado lanzando el siguiente asistente de IA que tampoco pidió nadie.
Pule hasta que brille aquello por lo que la gente vino de verdad, y deja el resto en la basura.
Nunca quiero construir software que el usuario odie usar, o que pelee por su tiempo de pantalla. La máquina de la atención es un modelo de negocio que me niego a tocar. Quiero que abras mi cosa, hagas la tarea que tienes que hacer y luego te vayas.
Quiero que tengas vida.
Sal a la calle.
Lanza un frisbi.
Ten un perro. Visita Australia.
El mayor elogio que puede ganarse el software es que te olvidaras de que estaba ahí.
Entraste, hiciste lo único que venías a hacer y volviste a la habitación con humanos de verdad… con la cabeza todavía llena de pelo.
Y antes de que esto parezca una carta de amor a Apple, déjame pararte. El software de Apple tampoco es todo arcoíris y cuentos de hadas. Tiene su propia lista larga de errores que a nadie parece dar prisa arreglar y, como ya hemos visto, un equipo de producto que pierde la cabeza con la misma máquina de hype. Nadie en este juego es inocente.
Así que esto no va de verdad de Microsoft. Ni de Apple, ni de Google. Es para cualquiera que lance software a otros seres humanos.
Antes de construir lo siguiente, párate a pensar. En serio. ¿Es esto lo que de verdad piden quienes lo usan? ¿Mejorará de verdad el producto? ¿O te estás subiendo al carro porque el resto de la industria lo hizo?
Solo tienes cierto tiempo. No lo gastes construyendo mierda que nadie quiere.
Si no está roto, déjalo en paz. Devuélvele a la gente su tarde. No se la vendas.
Footnotes
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The Register, Now all Windows 11 users are getting adverts to ‘make the Start menu great again’, 2024. Enlace ↩
-
Microsoft Support, End of support for Cortana, 2023. Enlace ↩
-
Den of Geek, Halo Infinite: Who Is the New Cortana-Like AI?, 2021. Enlace ↩
-
StatCounter, Search Engine Market Share Worldwide, 2026. Enlace ↩
-
Jamf, Total Cost of Ownership: Mac vs PC in the Enterprise, 2016. Datos de IBM: la plantilla eligió Mac de forma abrumadora, y los usuarios de Mac generaron muchas menos llamadas al servicio de asistencia. Enlace ↩
-
9to5Mac (encuesta de SellCell), Most iPhone owners see little to no value in Apple Intelligence so far, 2024. Enlace ↩